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Irene Vallejo en el MACA

Cuando los últimos rayos de sol penetraron los ventanales del primer piso del MACA, me encontré en un salón prácticamente lleno. Aún faltaba una hora para recibir a Irene Vallejo -autora del Bestseller El infinito en un junco- pero el entusiasmo era generalizado. La emblemática librería de Punta del Este, El Virrey, estaba lista en una mesa con sus ejemplares para ser vendidos y posteriormente firmados. Mientras la cafetería desbordaba de ávidos lectores buscando desesperadamente un café, los ómnibus repletos de gente no paraban de llegar al estacionamiento.

La mayoría de los que allí nos congregamos este último martes 16 de mayo, fuimos a conocer a la mujer que ha echado por tierra cualquier predicción apocalíptica sobre el fin de las lecturas profundas y extensas. Más de un millón de ejemplares vendidos sobre la invención de los libros en el mundo antiguo, reafirman que lo que puede estar muriendo es nuestro interés por lo obvio, pero jamás por conocernos a nosotros mismos.

Mientras me acomodaba en mi silla, todo a mi alrededor se iba tiñendo progresivamente de una luz dorada casi enceguecedora. En otoño el sol va desapareciendo tras los montes lejanos del Parque de Esculturas, por lo que la gente aprovecha para salir al balcón y tomar las últimas fotos de la hora mágica. Mientras tanto, en la pantalla ubicada detrás del escenario aún vacío, se reproducían en loop videos recopiladores de cientos de momentos icónicos en la historia del Museo y la Fundación Atchugarry. Finalmente, la pantalla quedó estática y tomó la palabra Leonardo Noguez, el Director Creativo del museo, quien anunció que en septiembre realizarán el primer Festival Internacional Literario del MACA, y agradeció a los más de 600 visitantes que, un martes cualquiera, agotaron la capacidad del evento.

La periodista Cecilia Bonino dio inicio a la velada haciendo una introducción sobre la vida y obra de Vallejo, con un repaso por sus orígenes en Zaragoza, su historia familiar de lucha y su pasión por las letras y la escritura. La primera pregunta de la noche estuvo muy a tono con el momento histórico que estamos viviendo: la Inteligencia Artificial, sus alcances y los miedos que provoca. Podríamos considerar, ante su respuesta, que Vallejo es una optimista de pura cepa: dijo en que en cada momento de la historia de la humanidad, los pueblos han creído que el apocalipsis o las catástrofes por los avances tecnológicos, se cernirían sobre la sociedad, pero que, sin embargo, la vida continúa y que todos aprendemos a vivir con ello. Asimismo, entre clásicos y mitología griega, destacó como característica inherente al ser humano, el clásico síndrome de la juventud perdida, donde el tiempo pasado siempre ha sido mejor.

Luego, Bonino se adentró en el libro y en lo que la misma autora ha declarado como “escritura de supervivencia.” A través de sus múltiples batallas de salud familiar, Vallejo ha confesado que la escritura de “El junco...” le ha llevado diez años de su vida entre hospitales, pérdidas emocionales y batallas económicas por sobrevivir en un mundo donde su rol principal era el de ser cuidadora. “En el hospital, la vida entraba a raudales a través de mi libro” dijo con total naturalidad. A propósito de su frase, la periodista continuó guiándola hacia su historia con las instituciones de salud, y un proyecto que lleva a cabo en su ciudad natal, de narradores orales para niños ingresados en unidades pediátricas: “Está comprobado que las actividades artísticas le evitan al niño sentimientos de soledad, angustia, aislamiento y stress.”

Más adelante en la conversación, la escritora resaltó el rol fundamental que tuvieron sus padres en su crianza. “Cuando haces el ejercicio de narrarles al menos 15 minutos un cuento a tus hijos antes de ir a dormir, los ayudas a ingresar al sueño sin miedo a la soledad o a la oscuridad que representa para ellos la noche. Se ha comprobado, también, que tienen un mayor poder de concentración en sus actividades escolares.”

Ante una multitud atenta y silenciosa, Vallejo dedicó buena parte de la charla a resaltar a los autores uruguayos que admiró desde muy chica; definió a Juan Carlos Onetti como su Joyce de elección, a Juana de Ibarbourou como la poeta favorita de su hijo de 9 años e incluso a Felisberto Hernández como piedra angular en su crecimiento literario. Por supuesto, el público se mostró encantado cuando contó que en sus años universitarios visitó Argentina y Uruguay con su padre en una “peregrinación literaria” tras los pasos de Horacio Quiroga: “Hicimos Montevideo- Colonia- Buenos Aires- Misiones. Teníamos que conocer su casa”.

El diálogo entre ambas continuó surfeando las más de 500 páginas de ensayo del libro, que la misma autora define como una misión imposible que jamás escribió pensando en ventas, y mucho menos en un éxito de tal magnitud. Se definió como una “tenaz perseguidora de causas perdidas” y aseguró que este suceso estaba muy lejos de cualquier sueño literario que jamás hubiese pensado. “Si vinieron a buscar la clave del éxito, quiero decirles que no tengo idea.”

La última mitad del encuentro se focalizó en las mujeres en la literatura, la dictadura franquista, los desaparecidos en Latinoamérica y la censura de obras literarias en la historia de la humanidad. Ningún tema fue tabú para Vallejo, en todos profundizó con la gracia e inteligencia que sólo una mujer con su recorrido académico y su brillante oratoria puede ofrecer. Hacia el final, Bonino hizo uso de su propio ejemplar de “El junco..” (que podía verse señalado con una gran cantidad de papeles de colores) y le pidió que leyera un párrafo para finalizar el encuentro.

Los que estuvimos allí presentes disfrutamos de una demostración excelsa de conocimiento y didáctica, donde fue capaz de inundar de calidez incluso los temas más delicados, dolorosos y controversiales.

Al final, dedicó dos horas más a firmar los libros de muchísimas personas que se agolparon para conocerla y dedicarle palabras de afecto. Una vez más, la cultura atravesó la colosal estructura edilicia del MACA.

Por Laura Garganta

Fotos de Nicolás Vidal