Llega por primera vez a Uruguay una retrospectiva histórica del ítaloargentino Lucio Fontana

Con más de 70 obras de Lucio Fontana, el MACA busca posicionar a Uruguay en el circuito internacional del arte contemporáneo

La obra de un artista consagrado no pertenece a un solo territorio. La idea de movimiento, de ida y vuelta, de puente y de cruce es el punto de partida de Lucio Fontana: un genio de dos mundos, una retrospectiva de la obra de este artista rosarino —que se repartió entre Argentina y la Lombardía italiana—, al que por primera vez se le dedica una exposición en Uruguay.

La muestra forma parte de la agenda cultural del verano de 2026 en Punta del Este. Está curada por el profesor Lucas Máximo Barbero, especialista en la obra de Fontana y estrechamente vinculado a la Fondazione Lucio Fontana de Milán, dedicada a conservar y promover la obra del artista.

Todas las piezas exhibidas integran sus catálogos oficiales y fueron cuidadosamente seleccionadas para representar “todo el universo Fontana”, cuenta a Galería Pablo Atchugarry, director del Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA), que le servirá de escenario a la muestra.

Del 6 de enero al 31 de marzo el MACA reunirá un total de 72 obras entre cerámicas, esculturas, dibujos y telas que recorren la producción completa de Fontana: desde la cerámica figurativa de los primeros años hasta sus icónicos tagli (cortes) y buchi (agujeros), pequeños gestos que redefinieron con la idea de profundidad la historia del arte del siglo XX.

Para Atchugarry, lo importante, al ser la primera vez que se expone este artista, es “poner a Uruguay en el circuito internacional de las artes”. Con un catálogo en doble idioma (español e inglés), la idea de Atchugarry es que la muestra funcione como un acercamiento de diferentes culturas.

Lucio Fontana abre las puertas del MACA

La biografía de Lucio Fontana está repleta de desplazamientos. Nació en Rosario, se formó y trabajó entre Argentina e Italia, y construyó una obra que terminó de consolidarse en Europa y Estados Unidos. Ese cruce entre orillas hace que la llegada de algunos de sus trabajos a su natal Río de la Plata, donde todavía no han sido tan vistos, sea aún más especial.

Para Atchugarry, esa “condición transatlántica” de Fontana “habilita una lectura situada” de su obra. “Es muy interesante ver el contraste, el diálogo entre lo que se estaba haciendo en Uruguay en esos años y lo que estaba haciendo Fontana en la otra parte del mundo, en la otra orilla del Atlántico”, señala.

Ese diálogo no busca homogeneizar maneras de hacer arte, sino ponerlas en tensión. “Son formas completamente independientes de la realidad”, y la obra de Fontana funciona como una pieza que permite releer procesos locales desde una escala más amplia.

Esa escala global es, justamente, uno de los desafíos que asume el museo con esta muestra. ¿Cómo traer a un artista de herencia mundial sin quitarle protagonismo a la identidad local? La respuesta, para Atchugarry, está, primero, en la selección de qué artista (¿y qué mejor que uno con raíces rioplatenses?) y, segundo, en el contrapunto: “Van a estar en contemporáneo dos exposiciones, las de María Freire y José Pedro Costigliolo, artistas uruguayos, y la de Fontana”. Entonces, no se trata solo de importar un canon, sino de hacerlo conversar con la tradición propia.

Además, para el público rioplatense la muestra también tiene algo de descubrimiento. “No todos han tenido la posibilidad de ver exposiciones de Fontana”, señala Atchugarry, mencionando otras grandes retrospectivas en museos como el Metropolitan de Nueva York. Sin embargo, de los antecedentes que recuerda, ninguno tiene punto de comparación con esta iniciativa, gracias a la cual se podrá conocer, con entrada libre, a este artista fundamental del arte moderno.

Pero armar una muestra en el MACA implica además pensar en un espacio invadido por turistas internacionales, sin mencionar el público local, el asiduo y el que llega por primera vez. Más allá de concebir la temporada alta como un pico importante de visibilidad, el MACA asume el desafío de sostener una propuesta que funcione en simultáneo para todo ese público diverso y Un genio de dos mundos cumple con ese requisito: “La exposición es para todos, porque el arte es para todos”, dice Atchugarry, y aclara que la de Fontana no fue pensada como una muestra estacional. Puede ser vista por quien llega por primera vez a Punta del Este como también por quien transita el museo durante todo el año.

También menciona que montar una muestra de esta magnitud es una “operación cultural compleja”, con obras aseguradas en decenas de millones de euros, traslados internacionales, préstamos delicados y meses de trabajo previo.

El espacio como experiencia artística

En ese contexto, la arquitectura del MACA no funciona solo como continente, sino como parte activa de la experiencia. La obra de Lucio Fontana dialoga de manera directa con el espacio. Sus cortes y perforaciones no invitan solamente a mirar una imagen a través de un cuerpo, sino a tomar conciencia del lugar desde donde se mira.

Curar un verano en el MACA no se trata únicamente de rellenar un lugar dentro de una agenda explotada, sino de pensar y proponer experiencias que estén a la altura del tiempo y del espacio en el que se enmarcan. Por eso mismo es que tiene lugar esta muestra, porque se trata de un artista que con su obra puede dialogar con la arquitectura, con el movimiento del público y con un museo que en su momento de mayor exposición elige sostener una apuesta exigente.

El gesto artístico de Fontana, de abrir la superficie para pensar el espacio, encuentra una resonancia particular en un museo donde la luz, el paisaje y la escala arquitectónica son protagonistas. “(En exposiciones anteriores) la obra tapaba esos tajos, esos agujeros, con una especie de parche negro para que entraras con los ojos pero en realidad no vieras lo que había del otro lado”, dice Atchugarry. “No veías la imagen, pero sí la profundidad”.

Ahora, frente a un lienzo abierto, el espectador no solo observa una superficie intervenida, sino que se vuelve consciente del espacio que habita. Del fondo. El corte deja de ser una acción violenta para convertirse en un pasaje, y esa apertura cobra una potencia particular leída desde el presente: en tiempos marcados por la hiperestimulación, la obra de Fontana propone todo lo contrario, un gesto mínimo, pero “a veces poder tener la capacidad de sintetizar es también un valor”, afirma Atchugarry.

Fontana logró condensar todo su pensamiento y su formación en una acción precisa que fue suficiente para abrir preguntas fundamentales en el arte: ¿dónde empieza y dónde termina una obra?, ¿cuándo una obra está realmente terminada?, ¿qué lugar ocupa el vacío?

A la idea de que “un tajo” lo puede hacer cualquiera hay que silenciarla con perspectiva, una mirada que vaya más allá y considere lo arriesgado de Fontana si se lo pone en diálogo con su tiempo y sus contemporáneos. “Fue parte de una generación que buscó romper los límites del cuadro tradicional, en diálogo con artistas como Yves Klein. Él llevó el monocromo al extremo. Fontana incorporó la profundidad real a la tela. No se trató de destruir la pintura, sino de expandirla”, explica el fundador del MACA.

“Una muestra tiene la convicción de hacer reflexionar”, continúa, y reflexionar implica ver que no todo se entiende de inmediato, que no todo va a gustarle a todo el mundo, y que en esa fricción también hay aprendizaje. “(La obra de Fontana y por ende la muestra) es un llamado a la tolerancia porque, cuanto más comprendamos la diversidad y la veamos como un valor, más vamos a integrarnos a las cosas diferentes y más cosas vamos a aprender”, concluye Atchugarry.

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